La coherencia de nuestras almas

Por Shaikh Kabir Helminski
Fuente: The Threshold Society
Traducción: Maryam Khadiya

 

La esencia de nuestra práctica

Ponemos un gran énfasis en ser — la calidad de atención y presencia que practicamos. Ser es nuestra capacidad de estar despierto con toda atención y un corazón abierto.

 Ser es también la fuente de coherencia.

Ser es nuestra capacidad de conectar lo trascendente con lo concreto. Lo que está sucediendo justo delante de nosotros — la interacción de las personalidades, los requisitos del mundo físico y todos nuestros pensamientos y sentimientos — visto desde la perspectiva espiritual, vista desde el ojo de Dios, conocida a través de la mente de Dios.

¿Qué es la coherencia y por qué es importante?

La coherencia es un aspecto de la Realidad Divina que incorporaremos cada vez más.

Nuestra tradición nos ofrece prácticas y ceremonias de la coherencia: Salaat, sema, así como muraqaba, meditación y adab. A veces, también, la coherencia es consolidada al estar a solas, en un silencio reflexivo.

La coherencia de la comunidad puede facilitar la experiencia de lo divino. Como una configuración de antenas o transmisores en fase, nuestra vibración se consolida más allá de la capacidad de cualquier individuo. A través de esta vibración común se nos da una prueba de lo divino que muy rara vez sería experimentada solo.

No sabemos cuánto nosotros, nuestras almas, están atrapados en una matriz de falsa realidad. Muchas influencias se combinan para crear esta falsa realidad: sistemas de falsa creencia, propaganda política, el consumismo y aspectos negativos dentro de nosotros mismos.

Lo que llamamos Islam, Iman y Ihsan sólo cobran vida a través de la marifa del nafs y al Haqq, la gnosis de la uno mismo y la realidad. En otras palabras, nuestra liberación es a través de conocernos a nosotros mismos desde la perspectiva de lo Real.

No creo que este marifa sea una experiencia meramente mental. Necesitamos un cierto ilm (conocimiento o ciencia) para prepararnos de verdad marifa, pero marifa es esencialmente del corazón.

Remembranza de Dios

Nuestro primer Murshid, Suleyman Dede, una vez dijo: “para llegar a ser humanos, necesitamos estar siempre en la presencia divina — ser consciente de Dios, a sujetarlo en nuestros corazones. Cuando un ser humano realiza zhikr, su espíritu, su corazón comienza a abrirse. Su inteligencia se vuelve más refinada y más expansiva. Sus cuerpos se convierten en más saludables. Se produce una condición bella — similar a la que es provocada por la buena música. El ser entero se abre como una flor y el secreto divino — las cosas que no se podían entender o conocer antes, se te comienzan a revelar. Por esta razón es necesario hacer zhikr. Para los seres humanos, es una cosa muy buena.”

Si aprendemos a observar profundamente nuestra propia experiencia, podremos reconocer más y más los estados en que somos incoherentes, ansiosos, distraídos. Y también podemos reconocer los estados en los que estamos centrados, conscientes, en el estado de presencia y plenitud.

El origen de la incoherencia es cuando el ego, el falso yo, se afirma como si fuese un Dios, como si pudiese doblar la realidad a su voluntad. Crea así una distorsión dentro del campo que produce desarmonía y sufrimiento. Lo hace de maneras grandes y pequeñas, en ambas una trivial y trágica escala.

Sufrimiento de la incoherencia

Una de las formas más comunes de sufrimiento que vemos a nuestro alrededor, y dentro de nosotros, es la dificultad de alcanzar la totalidad o la coherencia. Un ejemplo de esto podría ser: Quiero esto, pero también quiero eso, y no puedo decidir entre ellos, porque no estoy seguro de lo que realmente quiero. Otro ejemplo podría ser: tomar una decisión para hacer una cosa, y luego cambiar de opinión, y entonces no estoy seguro de sí debería haber continuado lo que estaba haciendo en primer lugar, o tal vez debería estar haciendo algo totalmente diferente. Este tipo de dispersión no sólo afecta a la toma de decisiones, sino que también afecta nuestras relaciones, nuestras creencias, nuestro trabajo y, de hecho, todos los aspectos de nuestras vidas.

Una de las lecciones que una verdadera espiritualidad puede enseñar es el valor y la posibilidad del compromiso. La esencia de esto es: comprométete al camino y el universo se levantará para apoyarte.

Pero antes de este compromiso, un compromiso que requiere sinceridad, conocimiento y fe, haríamos bien en considerar algunos pasos realistas que podrían estar más dentro de la gama de nuestras posibilidades.

La coherencia de focalizar la atención

Puede haber muchas maneras para que los seres humanos lleguen a ser más coherentes, pero fundamentalmente tienen que ver con agudeza única, una atención focalizada.

Esta atención focalizada no es necesariamente un estado introspectivo de atención, de hecho puede ser una atención que permite la apertura en vez de constricción.

Coherencia vibracional

Esto implica el ritmo y la armonía. En otras palabras la coherencia es una manera un fenómeno musical, tal vez es por eso que la música ha sido esencial para nuestro camino sufí.

Una propuesta más profunda es que el amor en sí mismo es el estado más coherente en la existencia fenoménica. Cuando estamos en un estado de amor, somos coherentes y traemos coherencia al mundo.

La incoherencia del mundo postmoderno

La cultura posmoderna es un fenómeno profundamente incoherente. Es el resultado del colapso de la coherencia, un sentido coherente de la verdad, una perspectiva metafísica objetiva, y el mejor de los valores tradicionales que estaba en armonía con una perspectiva física.

Lo que tenemos en su lugar, es una cultura sin un centro, fundamentalmente cínica hacia todas las proposiciones de la verdad. En el mundo posmoderno no hay ninguna verdad objetiva, sólo verdades personales y estos se creen que están basados en prejuicios de clase, origen étnico, afiliación religiosa y otras formas de condicionamiento.

Desde la perspectiva espiritual del Sufismo, el prejuicio y la opinión es reconocida por lo que es: el Reino del ego fragmentado, incoherente ser gobernado por prejuicios personales y sociales. Sin embargo, la verdadera espiritualidad ofrece la posibilidad de despertar de estas limitadas perspectivas y prejuicios personales.

El primer paso en este proceso es para recuperar la atención que ha sido esparcida en el mundo exterior y a través de un sinfín de preocupaciones internas. Este nuevo encuentro de nuestra atención es un movimiento contracultural, porque nuestra cultura posmoderna consiste principalmente en un comentario cínico sobre todas las perspectivas… comentarios de varias personas, estilos sociales, artefactos culturales. Nos tomamos nada en serio, porque no reconocemos ninguna verdad fundamental: sólo la relatividad de todas posturas culturales. En cierto modo esto es una ruptura libre de falsas perspectivas, máscaras sociales, identidades superficiales, pero sin el reconocimiento de cualquier ser fundamental o alma.

La coherencia en un grupo aumenta por el estado de coherencia de cada individuo, participando en actividades coherentes (Salaat, zhikr, música, ceremonia), especialmente aquellas actividades que están armonizadas por el ritmo, tono y expresión corporal.

La solución a este estado social de incoherencia sólo puede ser una verdadera práctica espiritual. Prácticas como la meditación y la atención plena pueden contribuir a la coherencia, despertando un punto de observación dentro de nosotros mismos, permitiéndonos ver nuestra incoherencia, y eventualmente dando lugar a un estado de relativa paz y coherencia. Las posturas de la oración ritual, que culminan en la sumisión de la Sajda (postración), pueden potencialmente unificar al individuo con un profundo sentido de coherencia. Asimismo, el zhikr es una práctica poderosa para unificar todas nuestras facultades, capacidades y atributos a través de una coherencia vibracional.

Un ser humano coherente refleja una fuerza de ser, una radiación de bendición, un poder de intención. Un ser humano incoherente vive en un estado de auto-contradicción, duda, cuestionamiento, hipocresía, duplicidad, inseguridad.

El amor es el último estado de coherencia porque unifica al individuo con la realidad última del campo de la existencia. Los Estados negativos como el miedo, el resentimiento, la arrogancia y el egoísmo representan un desorden del campo. Estos Estados negativos conducen a la desarmonía en nuestras relaciones y, finalmente, nos dejan en guerra con nosotros mismos. La coherencia se ve perturbada por la autoafirmación egoísta. La humildad que el amor engendra es un atributo divino, borrando las fuerzas distorsionadoras del egoísmo. Prácticamente hablando, el amor es un magnetismo del corazón que engendra un orden coherente de todas nuestras facultades humanas.

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